Astrophobos
En los cielos nocturno brillando,
Sobre abismos lejanos y etéreos,
Anhelante un día acechaba
Una seductura, luminosa estrella;
cada atardecer surgía en el cielo
Brillando en el Carro Artico.
Místicas bellezas se fundían
En sus brillantes, dorados rayos;
Gosozas quimeras decendían
Con mezclas y olores a mirra,
Y unos sones de liras extendían
Dulces y suaves melodías.
Allí, pensé, imperaba el placer,
La libertad y la armonía;
A cadá momentó nacía un tesoro
Envuelto en flores de loto,
Y un líquido sonido salía
Del laúd de Israfel.
Allí, me dije, existían
Mundos de increíble felicidad,
Donde la inocencia y la paz
Coronaban el trono de la virtud;
Hombres de luces, sus pensamientos
Más puros y limpios que los nuestros.
Y entonces sentí pavor, pues la visión
Se tornó delirante y roja;
La esperanza se enmarcaró de burla,
La belleza se cambió en fealdad;
Una algarabía de músicas chocaron,
Signos espectrales se entremezclaron.
Con delirantes colores ardió la estrella
Que antaño vislumbré tan bella;
Todo era triste, ya no había felicidad
Y en mis ojos destelló la verad;
Un pandemonio salvaje desfiló
Ante mi enfebrecidad visión.
Ahora conocía la diabólica fábula
Que portaba aquel dorado esplendor,
Ahora evitava la tétrica luz
Que antoño admiré con fervor;
Y un miedo espanto y mortal
¡ Ha apresado mi alma por siempre jamás
! H.P.Lovercraft
NÉMESIS
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules, Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna, He vivido mis vidas sin número, He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento Arrastado con horror a la locura.
He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos, Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo, Donde los negros planetas giran sin objeto, Donde los negros planetas giran en un sordo horror, Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.
He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.
Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda De la inmemorial espesura originaria, Donde los robles sienten la presencia que avanza Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse, Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente entre las ramas que se extienden en lo alto.
He deambulado por montañas horadadas de cavernas Que surgen estériles y desoladas en la llanura, He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas Que me guardaré de no volver a ver.
He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra, He hollado sus estancias deshabitadas, Donde la luna se eleva por encima de los valles E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente Que no soporto recordar.
Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales Las macilentas praderas del entorno, El pueblo de múltiples tejados abatido Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo Ansiosamente la erupción de un sonido.
He frecuentado las tumbas de los siglos, En brazos del miedo he sido transportado Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías, Y en reinos donde el sol del desierto consume Aquello que jamás volverá a animarse.
Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables, Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba En la gloria de la lejana isla del Ártico.
Oh, grande fue el pecado de mi espíritu, Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle, Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas De las despiadadas tinieblas.
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules, Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna, He vivido mis vidas sin número, He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento Arrastado con horror a la locura.
H.P.Lovercraft